| SAN
MARTIN DE OSCOS EN LA HISTORIA |
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HISTORIA Y PATRIMONIO
Del período Neolítico, hace 6.000 años, contamos con varios testimonios de poblamiento y actividad. Son pequeñas comunidades de pastores que practican formas muy arcaicas de agricultura, complementadas con labores de recolección y que nomadean por las sierras de la zona, dejando como constancia sus hábitos funerarios.
Los denominados túmulos son enterramientos prehistóricos, que al formar conjuntos reciben el nombre de necrópolis tumulares. El cadáver se deposita en el centro y en ocasiones le protege una cámara a base de grandes lajas de piedra -dolmen- que luego se cubre con piedras y tierra hasta conformar un montículo visible que destaca sobre el nivel del terreno. Esta era la forma en la que los primitivos pobladores marcaban su territorio de influencia y delimitaban las sendas o itinerarios que seguían. Encontramos manifestaciones de ello al sur del concejo en Os Pedrousos, en el núcleo de Teixeira.
Antes aún del inicio de nuestra era, la abundancia de minerales como hierro, oro y plata, servirá para fijar población en el área, tal y como reflejan los yacimientos de Arruñada, Piorno, Covas do Resalao, en cuyas cercanías se han localizado y documentado restos de cultura castreña. Estos poblados fortificados en cerros presentan defensas en forma de fosos excavados en la roca o murallas de gran potencia, describiendo un anillo que circunvala los valles centrales del municipio. Así, de norte a sur y en el sector oeste, nos encontramos con los de Vilarín de Piorno y Deilán, mientras que con la misma disposición y en la franja oriental, están los asentamientos de Bousoño, Mazo de Mon y San Paio. Estos poblado serían luego reestructurados por Roma cuando el Imperio llega para explotar la riqueza minera del área.
San Isidro es un ejemplo magnífico de castro que nos ofrece una innovación única en Asturias en lo que a defensas se refiere, consistente en lajas de piedra clavadas delante de los poblados, con la misión de dificultar el acceso a los invasores. A este sistema defensivo, peculiar y único, se le denomina "Caballos de Frisia".
De la época castreña ha quedado el testimonio de la mal llamada "Diadema de Ribadeo", que, en realidad, fue hallada en la finca de Valdereixe, en San Martín de Oscos, y que hoy se encuentra fragmentada y repartida por varios museos, dos de esos fragmentos pueden contemplarse en el Museo Arqueológico Nacional. La joya fue realizada en oro, entre los años 1500 y 700 a.c. Se trata de una pieza con dos franjas o frisos decorados: en ambos aparecen un jinete que porta una especie de lanza en su mano derecha y una figura humana que lleva en cada mano algo similar a un caldero. Esta joya da cuenta de una tradición y pericia en el trabajo del oro y en la orfebrería que están fuera de toda duda. A ambos extremos, dos anillas de oro servían para ceñir la joya, una delicada muestra del arte castreño que fue labrada y concebida en alguna parte del occidente de Asturias. Otro de sus fragmentos puede contemplarse en el Museo de Antigüedades Nacionales de Saint Germain en Laye, procedente del Museo del Louvre.
La llegada de Roma supuso la readaptación del mundo castreño a la actividad principal: la minería. El oro avivó la codicia de Roma en los dos primeros siglos de nuestra era y, hasta la llegada del Imperio, los individuos sólo obtenáin el preciado metal mediante el bateo en los ríos. El Imperio, con agua y fuego -método de la Ruina Montium- conseguirá derrumbar grandes montañas para la obtención del oro. El ejemplo más impresionante de ello son las minas de Arruñada, en el norte del concejo, donde podemos contemplar un frente de mina, visible en el desnivel creado por las labores mineras y que alcanza los ochenta metros de profundidad.
A lo largo de la Edad Media, San Martín de Oscos perteneció al partido de Obispalía de Castropol gracias a una donación de esta tierra realizada en 1154 por Alfonso VII a la iglesia de Oviedo, y sólo en 1584, con la desamortización de Felipe II, podrán los vecinos emanciparse de la jurisdicción episcopal, adquiriendo así el derecho a organizarse como Concejo realengo y eligiendo sus propios cargos para la administración municipal.
Los siglos XVI al XIX serán para San Martín los de esplendor industrial, gracias a la cantidad de cauces fluviales que aportarán energía a mazos, molinos y ferrerías. El auge tendría lugar a lo largo del XVII, cuando las ferrerías y mazos dejaron sentir su acompasado golpeteo por todo el concejo. El Mazo de Mon, junto al cauce del Ahío, es el recuerdo de esos siglos de aprendizaje y esplendor.
ARTE Y CULTURA
La pizarra monopoliza toda la comarca y no había de sustraerse a ello San Martín de Oscos. Así, la vivienda tradicional es una muestra de la integración del hombre con el medio que le acoge, formando una simbiosis en la que la madera y la pizarra son los protagonistas.
La vivienda, hermética, con pocos vanos para no restar a los muros fuerza sustentadora, está realizada a base de mampostería pizarrosa y cubierta con losas a dos, tres, o cuatro aguas. La casa tradicional suele contar con dos plantas, acogiendo la planta baja las dependencias para el ganado y la primera, el espacio dedicado a la vivienda. La cocina es la principal dependencia del edificio, utilizándose como lar un gran bloque de pizarra sobre el que se hacía el fuego. Encima de este se colocaba la olla o pote. Junto a la vivienda se hallaban las construcciones tradicionales, dominando el hórreo, de planta cuadrada y cubierto de pizarra a cuatro aguas, si bien, en muchas ocasiones, la cúspide se remata con cubierta de paja, como es el caso del existente en San Pedro de Ahío. En la capital municipal, el hórreo de Curón, al igual que el existente junto al Ayuntamiento cuenta con cubierta de pizarra, rematando la construcción un pequeño pináculo de piedra. Otra construcción auxiliar es el cabanón, dependencia destinada a albergar los aperos de labranza y el carro del que tirarían bueyes o caballerías.
En lo que se refiere al patrimonio artístico, uno de los primeros elementos que cabe destacar en San Martín de Oscos es la Iglesia parroquial de San Martín, del XVII, si bien una reforma de 1828 hace que muchos autores la daten en esta fecha. El Templo tiene planta de cruz latina, rematada su cabecera en ábside tripartito: dos recintos a sendos lados de la cabecera y uno anexo al testero. La Iglesia está recorrida por un pórtico que circunvala los lados sur, norte y oriental del edificio, coronando una espadaña a la entrada a la iglesia. El gusto barroco local está presente en los admirables retablos del interior.
Son también numerosas la muestras de arquitectura religiosa popular, manifestadas en las capillas y ermitas que salpican el concejo. Santa María de Labiarón ofrece un buen ejemplo de estilo popular que integra en el paisaje la construcción. San Pedro de Agüeira cuenta con la pequeña capilla de San Pedro, donde hay un gusto estético que nos pone en contacto con algunas construcciones prerrománicas. No es menos interesante la capilla dedicada al Ecce Homo en El Penedo, donde se guarda una talla neoclásica del Nazareno. La ermita de santa Engracia es un compendio de la arquitectura del concejo; de una sola nave, es una compacta construcción sin vanos en sus muros occidental y oriental, y en cuya entrada el saliente de los muros laterales conforma un pórtico con banco de pizarra corrido y dos ventanas que flanquean la entrada. Se halla en Villarín de Trasmonte. También interensate es la capilla de Santa Marina en Mon, del siglo XVII, está estructurada en dos cuerpos, una nave principal cubierta a dos aguas y, en la cabecera, un espacio cubierto a cuatro aguas que sobresale en altura con respecto al resto del edificio. No debemos dejar de mencionar la capilla de San Juan y la capilla de Cabeza da Vila en la capital del concejo.
Como testigos de un tiempo en que el agua era fuente de toda energía quedan en San Martín de Oscos molinos localizados en Villarín de Piorno, Bousoño y Baldedo, siendo el de Soutelo el mejor conservado. Se trata de una construcción de dos plantas, hallándose el molino en la inferior y habiéndose dedicado la superior a vivienda y almacén. En los cimientos mismos, dos arcos permiten el paso del agua para mover las ruedas que hacía girar a las dos muelas en las que se trituraban trigo y maíz.
Como muestras más excelsas del patrimonio civil, cabe citar en San Martín de Oscos el Palacio de los Guzmanes. Realizado en un solo cuerpo rectangular, fue edificado a fines del XVIII por la familia del mismo nombre, poseedora de solares en toda la comarca. El monumento cuenta en su fachada con una hermosa balconada triple que se asoma a una pequeña galería realizada a base de gigantescos sillares de pizarra. La majestuosa entrada está realizada con sillares de pizarra, con el escudo familiar en primer plano. Actualmente el edificio alberga las oficinas del Ayuntamiento.
Otro monumento destacable es el Palacio de Mon, ejemplo representativo de la arquitectura señorial de la zona. Edificado por la familia Mon, esta majestuosa construcción de fines del XVI destaca en el conjunto de todo el pueblo. Cimentado sobre la roca viva de una ladera, presenta forma rectangular con un patio inferior a modo de distribuidor para todo el complejo, flanqueando las cuatro esquinas sendas torres cubiertas a cuatro aguas. Bajo la balconada de la fachada principal hay dos blasones y en el escudo de armas puede leerse: "estas armas y blasón son de la casa de Mon; como fuerte las gané y así las defenderé."
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